Atacama: Cómo cultivar con 90% menos agua en el desierto más seco del mundo


En uno de los desiertos más extremos del planeta, donde la lluvia es un recuerdo lejano y el desierto gana terreno cada día, la agricultura familiar campesina ha encontrado un nuevo aliento. Lo que comenzó como un experimento científico es hoy un oasis tecnológico que permite cultivar hortalizas utilizando apenas una fracción del agua que requiere la tierra.

En Chile, el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) Intihuasi ha consolidado un modelo de hidroponía que no solo ahorra recursos, sino que protege el modo de vida de quienes han trabajado el campo por generaciones.

La ciencia del ahorro: 90% menos agua
El corazón de esta innovación es la técnica de raíz flotante en invernaderos tipo mecano. En un contexto de escasez crítica, los números hablan por sí solos:

Eficiencia hídrica: El sistema consume solo el 10% del agua comparado con el cultivo tradicional.
Pureza: Se elimina por completo el uso de agroquímicos.
Velocidad y Calidad: Al nutrirse directamente de agua oxigenada y minerales precisos, las plantas crecen más rápido y con una calidad uniforme.
Sustentabilidad: Reduce drásticamente el uso de plásticos y desperdicios de alimentos.
«Los pequeños agricultores se estaban quedando sin agua; necesitábamos una alternativa para que sigan haciendo lo que han hecho toda la vida», explica Constanza Jana, investigadora de INIA Intihuasi.

El desafío de la salinidad
Tras un éxito rotundo en la Región de Coquimbo —donde el proyecto alcanzó su máximo nivel de madurez tecnológica (TRL 9) y benefició a 46 productores—, la iniciativa desembarca ahora en la Región de Atacama.

Aquí, el reto es doble: al déficit hídrico se suma la alta salinidad del agua. En tierras donde el suelo ya no puede ser lavado por las lluvias, la hidroponía deja de ser una opción para convertirse en la única vía de supervivencia para la agricultura.

El impacto social
Este proyecto no solo transforma hectáreas, sino también comunidades:

Enfoque de género: En su etapa inicial, el 62% de los participantes fueron mujeres, consolidando el rol femenino en la seguridad alimentaria del norte chileno.
Expansión territorial: Actualmente, 12 agricultores de Alto del Carmen, Copiapó, Huasco, Tierra Amarilla y Vallenar están siendo equipados con infraestructura y capacitación técnica de alto nivel.
Semilla educativa: En la provincia de Chañaral, el modelo llegará a los establecimientos educacionales para evaluar su viabilidad en contextos de salinidad extrema, preparando a las próximas generaciones para el cambio climático.
La hidroponía en el norte de Chile ha dejado de ser una promesa de laboratorio para convertirse en una estrategia de resistencia económica. Con una producción limpia y eficiente, el INIA y los agricultores locales están demostrando que, incluso en el desierto más árido, la vida puede florecer si se cuenta con la tecnología adecuada.

Fuente: Reporte Agrícola con aportes de +P


5 de enero de 2026